sábado

DIARIO DE UN MILICIANO ANÓNIMO DE LA CNT


Madrid 20 de noviembre de 1.936
Llevo unas cuatro horas despierto, me encuentro en el hospital de las milicias Confederales situado en el Hotel Ritz de Madrid. Según me cuentan, fui ingresado la pasada madrugada con una herida grave de bayoneta que casi me revienta el estómago. Al ingresar en el hospital me operaron de urgencia y he permanecido semiinconsciente todo este tiempo. Todavía tengo en mi mente las imágenes de lo ocurrido un poco confusas. Recuerdo que nos ordenaron tomar la planta baja y los sótanos del Hospital Clínico. Al introducirnos en el interior nos encontramos con las fuerzas moras, a las cuales les tuvimos que hacer frente cuerpo a cuerpo. Todo fue muy rápido, recuerdo la pelea que mantuve con uno de ellos, y sobre todo, su cara al clavarle mi bayoneta. Él, se aferraba a ella con sus manos mientras que la afilada hoja se las destrozaba. Sus gritos se mezclaban con los míos, al mismo tiempo que también se mezclaban en la oscuridad con los de todos los que estábamos en plena batalla. Cuando el cuerpo de aquel desconocido quedó inerte caí sobre él jadeante. Mi cuerpo estaba empapado en sudor, aunque la noche era de mucho frío y lluvia. Lo último que recuerdo es que intenté incorporarme y un tremendo pinchazo en el costado me lo impidió. Comencé a sentir que me ardía toda la parte del estómago, sonaron disparos y ya no recuerdo nada más.
Desde que partimos de Aragón hasta hoy no he podido escribir nada en el diario. Todos los hechos ocurridos desde que abandonamos el frente de Aragón hasta hoy los intentaré relatar de una manera resumida en estas páginas de este día 20 de noviembre de 1.936.
Madrid a finales de octubre esta a punto de caer, el gobierno no confía en su salvación y prepara su huida hacia Valencia. Pero antes de emprender la huida Largo Caballero presidente del consejo y ministro de la guerra tiene que amarrar todos los cabos sueltos y el más importante es la CNT. Este se entrevista con el presidente de la República Manuel Azaña, donde le expone que la CNT tiene que entrar en el gobierno, a lo que Azaña en un principio se niega rotundamente, pero días más tarde acepta sin contemplaciones, dejando a Largo Caballero estupefacto. El plan esta trazado. A la CNT se le otorgan cuatro ministerios sin cartera que serían designados a cuatro compañeros elegidos por la organización. Estos ministros anarquistas son Juan López (comercio), Federica Montseny (sanidad), Juan Peiró (industria) y García Oliver (Justicia). La CNT mayoritaria ante el pueblo pero minoritaria ante las decisiones de estado volvemos a ceder otro trozo de terreno, cosa que hemos ido haciendo desde el 19 de julio bajo los eslóganes incoloros de resistir, no pasarán, unidad antifascista…
El día 4 de noviembre se acepta la entrada de la CNT en el gobierno de la Republica y el día 5 de noviembre nuestros cuatro compañeros comparecen ante su primer consejo de ministros, pero cual es su sorpresa. Largo Caballero anuncia que el gobierno se traslada a Valencia. A nuestros cuatro compañeros la cara se les pone blanca. A estos que para aceptar el cargo se les ha tenido que presionar de manera casi violenta bajo la responsabilidad del militante, ahora comprenden cual es la jugada de los que siempre han sido nuestros enemigos, escapar de Madrid, pero acompañados de una representación de la CNT y así la deshonra que también caiga sobre nuestra organización. Nuestros compañeros se oponen enérgicamente. García Oliver toma la palabra en nombre de los cuatro ministros de la CNT, ¿Marcharnos? ¡Pero si acabamos de llegar! ¡No!. El gobierno debe de continuar en Madrid y los ministros, como auténticos comisarios deben ser los animadores de la lucha e incluso batirse en las barricadas. Estas palabras llenaron de espanto a los demás ministros incluidos los comunistas, que miraban a García Oliver como a un loco que los estaba enviando a primera línea. Todas las miradas rápidamente se desviaron hacia Largo Caballero y este llamó a la calma a los ministros de la CNT y que se “comportaran razonablemente”, porque no quedaba tiempo y la resolución debía de tomarse por unanimidad. García Oliver se ratificó en lo dicho, y Largo Caballero pidió que los cuatro ministros cenetistas se reunieran en privado y deliberasen con más calma la situación en la que se encontraba el gobierno. Los cuatro ministros volvieron a ratificarse en la negación de abandonar Madrid. Al entrar expusieron nuevamente su negativa a abandonar la capital. Entonces los demás ministros comenzaron a quitarse las caretas. Los del partido de Azaña a viva voz le decían a Largo Caballero “¡Vea usted mismo los locos que nos ha metido en el gobierno! Largo Caballero les dijo a los cenetistas que o aceptaban o quedaba declarada una crisis de gobierno que sería en estos momentos el fin de todo. Los cenetistas volvieron a salir para reunirse, pero como había que salir de aquella situación optaron por llamar al Comité Nacional de la CNT y notificarle la situación en la que se encontraban. Horacio M. Prieto desde el Comité Nacional de la CNT les dijo: “Votad, y después volveréis inmediatamente a Madrid”.
Cuando García Oliver se levantó para comunicar el resultado se hizo un silencio sepulcral, y en medio de este silencio anunció que la CNT votaba por el traslado del gobierno a Valencia. Dicen que más de uno estaba sudando, yo personalmente creo que más de uno se lo hizo encima sólo pensando en lo de ir a primera línea. A partir de ese momento todos los ministros que tanto habían sudado esperando la decisión de la CNT, ahora corrían como locos, su obsesión era: marchar, marchar, escapar cuanto antes de Madrid.
Pero en las calles de la capital el pueblo madrileño era todo lo contrario al gobierno que lo abandonaba. En cada rincón de la ciudad la gente se preparaba para la resistencia, la CNT y la UGT habían lanzado un manifiesto a todo el pueblo de Madrid que se resumía en esto “¡LIBERTAD o MUERTE! En las calles todo el mundo pedía armas, armas para defenderse del fascismo que está a las puertas de Madrid.
Al caer la noche del día 6 de noviembre el gobierno emprendió la huida por la carretera que conduce a Valencia vía Tarancón. En ese punto fueron detenidos por la unidad anarquista del compañero Villanueva situada en ese puesto. Este recibió órdenes desde Madrid para que dejara pasar a los ministros, y aunque a regañadientes obedeció dichas órdenes. Antes de marchar, Largo Caballero entregó al general Miaja un sobre lacrado con la recomendación de “No abrirse antes de las 6 de la mañana del día 7 de noviembre”. El sobre contenía el nombramiento del general Miaja como máximo responsable de la defensa de Madrid.
En la noche del 7 de noviembre la lucha se intensifico resultando muy dura, fue la primera vez en la que los milicianos no retrocedían y se batían en combate como verdaderos leones. La Federación Local de los Sindicatos de la CNT difundió un llamamiento por radio: “Madrid, libre de ministros, de comisarios y de “turistas”, se siente más seguro en su lucha (…) El pueblo, la clase obrera madrileña, no tiene necesidad de todos estos turistas que han salido para Valencia y Cataluña. Madrid, libre de ministros, será la tumba del fascismo. ¡Adelante, milicianos! ¡Viva Madrid sin gobierno! ¡Viva la Revolución Social!”.
En Valencia, la declaración que hizo publica la CNT y la FAI fue aún más radical: “Para las mujeres, para los niños, para los ancianos y los heridos de Madrid, nuestra casa y nuestro pan. Pero para los cobardes y desertores que se pasean en coches exhibiendo sus armas, nuestro desprecio. ¡Compañeros hay que boicotearlos y hacerles la vida imposible!”.
El día 8 de noviembre los moros y legionarios lograron colarse por los márgenes del río Manzanares, en la Casa de Campo y en la Ciudad Universitaria. El Gobierno desde Valencia le insinúa a la Generalitat de Cataluña la necesidad de que fuerzas del frente de Aragón se trasladen de inmediato a Madrid.
La Conserjería de Defensa de la Generalitat celebra una reunión de urgencia, donde asisten representantes de todas las fuerzas políticas y sindicales, junto a Federica Montseny como ministra de la República y los representantes de las columnas que operan en Aragón. El nombre que sale es el de Durruti y su Columna.
Durruti nos reunió a toda la Columna explicándonos la situación: Todos no podíamos ir en defensa de Madrid y dejar este frente sin protección, así que sólo una parte de la Columna será trasladada. Los preparativos se hicieron a toda velocidad, sin descanso, había que estar en Madrid lo antes posible.
El día 12 de noviembre, Durruti que se encontraba en Barcelona telefoneó a Bujaraloz y pidió que se preparasen la I Agrupación y la VIII, ambas a cargo de José Mira y Liberto Ros, añadiéndole los refuerzos de las Centurias 44, 48 y 52, que estaban compuestas por internacionales. Entre los elegidos había bastantes mineros expertos en dinamita y fogueados en combate. El comité de guerra encargado de esta Columna estaba compuesto por los compañeros Miguel Yoldi, Ricardo Rionda (Rico), Manzana y Mora. En total éramos unos 1.400 hombres los que partiríamos hacia Madrid.
Primero nos dirigimos a Barcelona, en el puerto nos esperaba un navío procedente de América Central cargado con cajas de armamento. Al llegar comenzamos a descargarlo a toda prisa y su contenido lo depositábamos en vagones de ferrocarril, que arrastrados por dos potentes locomotoras partirían inmediatamente hacia Madrid. El origen del armamento que descargamos era suizo y mexicano; se trataba de un armamento que los rusos habían comprado, pagándolo a peso de oro, pero que en realidad era pura chatarra. Durruti no tuvo ocasión de comprobar el material en Barcelona; pero una vez en Madrid, y al darse cuenta de la calidad de las armas, telefoneó a Abad de Santillán diciéndole “que los fusiles que le había dado se los podía meter en los cojones…”, y que le enviara urgentemente treinta y cinco mil bombas de mano de las denominadas “La FAI”. Ya bien entrada la noche del día 13 de noviembre fuimos trasladados hasta Valencia en un tren de carga, llevábamos 48 horas sin dormir, sin descansar. A Valencia llegamos a medio día del 14 de noviembre, y en el andén de la estación nos esperaba Durruti junto a García Oliver, que partió de Barcelona en avión acompañado de Yoldi y Manzana. Durruti le comunicó a Liberto Ros y José Mira como delegados de Agrupación, que el resto del viaje hasta Madrid lo haríamos en autocares y camiones, ya que la vía ferroviaria había sido volada en parte por un bombardeo enemigo. Finalizó diciéndoles que a fin de preparar la llegada de la Columna, él salía en avión con García Oliver hacia Madrid.
Durruti llegó a Madrid ese mismo día 14 por la tarde, esto originó que por Madrid corriera la voz de que la Columna Durruti había llegado a Madrid, confundiendo nuestra Columna con otra también compuesta por catalanes, pero organizada por el PSUC, la llamada Libertad-López Tienda.
Nuestra Columna llegó a Madrid el día 15 de noviembre, entramos por el Puente de Vallecas, la gente nos vitoreaba dándonos las gracias por venir. Al caer la tarde nos alojaron en un colegio de niños con la intención de pasar allí la noche y descansar debidamente antes de entrar en combate. Pero al poco tiempo de llegar, un vehículo turismo llegó a toda prisa a la puerta de nuestro improvisado cuartel, de él descendió Federica Montseny toda nerviosa, y con voz enérgica nos dijo: “Camaradas, los moros han llegado al Paseo de Rosales. Se precisa en gran manera que estas fuerzas salgan inmediatamente para aquel lugar si no queréis pasar por la amargura de contemplar como Madrid es invadido por los moros esta misma tarde”.
Liberto Ros y José Mira le respondieron: “Durruti, al marchar, nos dijo que bajo ningún concepto nos moviésemos de aquí. Como comprenderás, hemos de esperar hasta que él venga, que confío no ha de tardar, si como tú señalas es evidente lo que acabas de decir”. Federica Montseny nos deseó suerte a todos, volviéndose a montar en el turismo que partió a toda velocidad.
A los pocos minutos llegó Durruti, el cual nos reunió a todos exponiéndonos la necesidad de salvar Madrid, lo que espera de todos nosotros y concluyendo con las siguientes palabras: “Comprendo lo que representa para vosotros salir ahora mismo a luchar, sin descanso, fatigados por el duro viaje, pero es necesario hacerlo. Y a la cabeza vuestra iré yo, a luchar con vosotros, contra el invasor”.
Sin discusiones y decididos nos preparamos para entrar en combate. Al anochecer partimos hacia el frente, allí nos esperaban algunos compañeros de Madrid enviados por Cipriano Mera y al cargo de un compañero llamado Timoteo. Estos compañeros conocen bien el terreno y nos servirán de guía. Casi al amanecer del día 16 de noviembre entramos en combate, no tuvimos descanso y menos aún relevo, mientras las demás fuerzas políticas si lo tenían, el apoyo que nos prometieron de los internacionales de Kleber no nos llegó cuando nos dijeron, viéndonos en una encerrona delante del enemigo, y mientras, nuestros hombres, nuestros compañeros, nuestros amigos iban cayendo uno tras otro defendiendo Madrid, ese Madrid abandonado por el gobierno de la republica que desde Valencia llama a la resistencia. Malditos seáis y maldita sea toda vuestra estirpe.
Casi a la media noche del 17 al 18 de noviembre Durruti por fin pudo reagrupar a los delegados de Centuria de la Columna en la Facultad de Ciencias. Se había combatido sin parar durante 36 horas y el balance en la Columna era terrorífico, el 60 % de la Columna había causado baja. De los aproximadamente 1.700 hombres ¬-contando a los compañeros de Madrid- que habíamos entrado en combate, apenas quedábamos 700, y en tan malas condiciones que durante 36 horas no habíamos probado bocado, ni siquiera un sorbo de café. El frío y la lluvia nos calaban hasta los huesos en un escenario donde la muerte por bala o por un bayonetazo podía sorprenderte en cualquier instante.
De todas las fuerzas que luchaban en la Ciudad Universitaria los únicos que teníamos a todos los hombres entregados al combate éramos nosotros. En la madrugada del 18 de noviembre el propio Durruti pudo comprobar con sus propios ojos cómo los internacionales de Kleber eran reemplazados en parte por la XII Brigada Internacional al igual que otras unidades no Confederales.
Durruti estaba de muy mal humor por lo que estaba sucediendo. Se puso en contacto con el compañero Eduardo Val del Comité de Defensa del Centro para intentar reemplazar a sus hombres los cuales estábamos desechos. Val lo intentó por todos los medios, pero desalentado le comunicó a Durruti que no había manera de reunir gente para reemplazar a sus hombres, ya que todos los compañeros estaban movilizados y muchos de ellos luchando con unidades que no son confederales.
Entonces Durruti se entrevistó de urgencia con Vicente Rojo y el general Miaja en el Ministerio de la Guerra. Les informó de la situación en la que se encontraba su Columna, o lo que quedaba de ella, que no seríamos más de 400 hombres. Estos le dijeron a Durruti que intentarían por todos los medios reemplazar a sus hombres al día siguiente, 19 de noviembre. Pero que había que aguantar hasta entonces. Apoderarse, si era posible, del Hospital Clínico, y mantener las líneas interiores en la Ciudad Universitaria. Si los milicianos pueden mantener un círculo de hierro, conteniendo a los facciosos en la Ciudad Universitaria durante aquellas últimas 24 horas, Madrid estaba salvado.
En la madrugada del 19 de noviembre nos ordenaron la toma del Hospital Clínico, la lucha fue sin cuartel, cuerpo a cuerpo, y es cuando caí herido. Por lo visto al deshacerme del enemigo en la pelea a bayoneta, otro mercenario por la espalda me clavo la suya por el costado, con la suerte de que dos compañeros de Columna aparecieron en ese momento, disparando sus fusiles y segando la vida del enemigo. A partir de entonces no recuerdo nada más. Por lo visto, quede inconciente, y pasé bastante tiempo apartado en un rincón con la herida taponada por un compañero, hasta que por fin fui evacuado.
Hoy 20 de noviembre de 1.936 Madrid está a salvo, pero a qué precio. Nuestra Columna ha sido casi aniquilada y el dolor por la pérdida de tantos compañeros es inmenso entre los que hemos quedado con vida. En este momento, mientras estoy escribiendo estas palabras nos dan otra dura noticia, en este mismo hospital yace el cuerpo sin vida de aquel que daba nombre a nuestra gloriosa Columna, Buenaventura Durruti.
Dentro de unos días seré trasladado a Barcelona. He prometido a mis compañeros que en cuanto esté recuperado volveré con ellos a la primera línea del frente.
Ahora necesito descansar…



RAPSODIA LIBERTARIA VOL II - LOS MUERTOS DE CRISTO
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